Letras al Vuelo

Nota: Publicado originalmente el 07 de Septiembre de 2016 en la sección de Cultura del Diario Novedades de Tabasco.

COLUMNA: LETRAS AL VUELO

Venciendo el bloqueo del escritor

Por: Enrique Negrete

Escribir, es una actividad que provee de satisfacción y realización para el que la desarrolla con regularidad, haciéndola parte de su rutina diaria y vida. Y hasta ahí, todo parece ir bien, excepto cuando eventualmente se presenta el tan temido bloqueo del escritor.

Y bueno, si tomamos en cuenta que esto es mucho más habitual en los que se inician en la escritura se hace imprescindible que platiquemos sobre el asunto a modo de mantener un flujo creativo estable y consistente, pues la creatividad es un factor vital si queremos cultivar este arte, ser prolífico y lograr algún grado de éxito.

Todos los que nos dedicamos a la escritura hemos pasado por este trance que nos fuerza en ocasiones a alejarnos de las letras. La musa a veces puede comportarse de maneras caprichosas, lo bueno es que existen estrategias que podemos aplicar para cambiar las cosas.

Comienzo entonces proponiendo recordar el primer punto en la agenda del escritor, ¿lo recuerdan? Sí, es leer. Leer es una de las maneras más rápidas con que contamos para mejorar nuestra capacidad de expresión y hacerlo con mayor y mejor consistencia hace milagros. Para escribir mucho, hay que leer mucho. Y no sólo leer por leer, hay que buscarnos retos y voltear los ojos hacia los clásicos. En especial aquellos con un lenguaje antiguo, rico y variado.

Leer, entender y poder visualizar a partir de un texto todo lo que el autor nos presenta en una obra, estimula nuestra propia imaginación y por tanto, la creatividad. Recordemos que en muchas ocasiones leemos pero no visualizamos, cosa que no está mal, pero que nos deja a medias en nuestro interés de fomentar nuestro propio impulso creativo.

En el mismo sentido, si aplicamos esto a nuestro esfuerzo por escribir obtendremos de inmediato el beneficio de percatarnos de decenas de detalles que se nos pasaron por alto y que podrían usarse en nuestros textos.

Por ejemplo, imaginemos que estamos trabajando una historia, hemos planteado cierta situación y personajes pero de pronto, no sabemos cómo continuar la trama. No se nos ocurre qué más diálogos poner y tampoco tenemos idea de hacia dónde irán nuestros personajes por lo que estamos estancados.

Pues bien, no es el fin del mundo. Podemos ensayar imaginar la escena hasta donde la tenemos, como si la viésemos en una pantalla o mejor aún, como si nosotros mismos estuviésemos ahí. Es precisamente en este punto que nos percatamos de que lo que hemos descrito es apenas una fracción de lo que visualmente podemos transmitir al lector, así que se hace necesario completar nuestra escena y dotarla de mayores detalles: ¿qué tipo de ropa llevan? ¿Visten bien? ¿De que materiales van sus prendas? ¿Son hechas a mano, compradas o robadas? ¿Se ven cómodos en ellas? ¿Llevan insignias o accesorios? ¿Portan valores ocultos o acaso van armados?

Como ven, comienzan a aparecer muchas cosas que pueden y deben tener una justificación dentro de la trama. Y esto sólo si hablamos de los personajes. ¿Que tal si volteamos alrededor? ¿La estancia esta oscura o bien iluminada? ¿Esta ordenada o es un chiquero? ¿Hay ventanas? ¿Los muebles son modernos o antiguos? ¿Qué materiales están presentes? ¿Somos capaces de apreciar las texturas?

Visualizar una escena se constituye como una muy eficaz estrategia para estimular el flujo creativo, pues al añadir un detalle otro surge y así más cosas vienen a nuestra mente, reforzando la profundidad de nuestros personajes y la trama misma.

Y no es todo. ¿Que tal si ahora imaginamos las cosas en términos de los otros sentidos? ¿Huelen bien? ¿Se bañan a diario? ¿Usan algún tipo de perfume? ¿Hay algún olor particular en la estancia? ¿Huele a nuevo o a algo muerto? ¿Se escuchan los ruidos del exterior? ¿Cómo son las voces de nuestros protagonistas? ¿Poseen algún acento curioso o hablan con parquedad? ¿Sus voces se acomodan a sus personalidades? ¿Hace calor o frío? ¿Nuestros personajes se ven cómodos con ellos mismos? ¿Algo les molesta o duele? ¿Están en forma, cansados, enfermos o heridos? Etc.

Estas son apenas algunas de las muchas preguntas que se pueden formular para darle completa forma a una idea. Lo importante de este ejercicio es que un detalle no va sólo, sino que puede ser el hilo central de la personalidad y carácter de un personaje. Una cortada en la cara, una enfermedad crónica, una devoción malsana, un vicio pernicioso, un sueño incumplido, todo se refleja en ellos, en sus elecciones de vida y en última instancia, en su apariencia física.

Y si lo anterior falla, podemos usar la dispersión. Si no logramos inspirarnos en nuestros escritos y visualizar no ayuda en nada, nos conviene mejor hacer alguna otra cosa relacionada con ese trabajo. Piensa en qué portada podrías usar, qué titulo convendría para tu obra, cómo deseas que aparezcan los créditos o agradecimientos, si llevará imágenes, mapas o diagramas que ayuden a entender tu manuscrito, por mencionar algunos. Hacer otras cosas te permitirá relajar la mente y darle oportunidad a la musa de que regrese a ti. Porque la musa siempre regresa, sólo debes esperarla.

En la siguiente edición platicaremos sobre los mitos, creencias y errores más comunes que se presentan a la hora de comenzar a escribir.

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