Letras al Vuelo

Nota: Publicado originalmente el 20 de Octubre de 2016 en el Diario Novedades de Tabasco.

LETRAS AL VUELO

La experiencia de publicar

Por: Enrique Negrete

Tras muchas horas, días y meses de escribir, revisar y corregir, conseguimos llegar a ese punto en que consideramos hemos pulido lo suficiente nuestro trabajo, al grado de sentirnos confiados de compartirlo con el mundo. Somos conscientes de que no es perfecto, que podría mejorarse aún más, pero decidimos dejarlo así para que conserve esas pequeñas imperfecciones que le permitan retener algo de la espontaneidad con que fue escrito.

Sabemos que la edición es un proceso que no tiene fin, por lo que evitamos abusar de este recurso pues entendemos que de hacerlo, terminaríamos por destruir y borrar esos pequeños detalles que embellecen y humanizan nuestra obra.

Con absoluta felicidad sujetamos el legajo de hojas que conforman nuestro libro y volteamos a ver con cariño y cansancio la torre de papel que hemos formado tras cada impresión, revisión y corrección de borradores y versiones finales.

Hemos terminado.

Nos permitimos regocijarnos con la idea de verlo expuesto en las vitrinas de una gran librería o en las alegres manos de un paseante que buscará disfrutar leer nuestras palabras en sus ratos libres o de ocio. Y damos una última revisión a la portada, agradecimientos y dedicatoria sólo para llenarnos nuevamente con el sentimiento de cumplimiento que nos produce ver terminado algo nuestro, que construimos durante tantos meses e incluso años de ardua dedicación y esfuerzo.

No podemos sino esperar el mejor de los futuros para él, deseando con todo el corazón que sea amado y valorado al punto de ganarse un pedacito preferente en la estantería de cada lector que lo haga suyo y conserve. Y aunque sabemos que el mundo es duro y crítico, confiamos en la fuerza y carácter que le hemos conferido, así como en la genuina inspiración que motivó su nacimiento.

Mayor regocijo aún, cuando tras unos meses de paciente espera, lo recibimos impreso y sostenemos en nuestras manos el resultado final de tanto esfuerzo, invadiéndonos el incontrolable deseo de compartirlo con cada persona que cruza por nuestro camino, así sea el que viene a convencernos de comprar una estufa nueva. Y luego viene ese momento, tras unos días de promoción y mercadotecnia, cuando vendemos nuestro primer ejemplar, volcando nuestro corazón de emoción y nuestros bolsillos de humildad y profundo agradecimiento.

Es entonces que comenzamos a sentir que todo ha valido la pena y nos vemos a los ojos con nuevas esperanzas y orgullo pues hemos publicado un libro.

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