Prólogo

PRÓLOGO

En los tiempos previos a la traición de los Señores Regentes hacia Lord Lak y del subsecuente éxodo de las clases élficas lideradas por su hijo al Valle de Nui; un joven y despreocupado pescador, tuvo la suerte de descubrir atorado entre sus redes, lo que parecía un viejo rollo de pergaminos. A pesar del tiempo y el agua, encontró que habían permanecido en buen estado, protegidos de los peces y el deterioro por el grueso forro de piel que los sujetaba.
Sorprendido por lo que parecía un hallazgo valioso, se apresuró a revisarlos entre su carga de pescado y la densa niebla de la madrugada. Los signos y dibujos trazados entre los pliegos húmedos y borroneados, fueron convirtiendo su entusiasmo inicial, en desconcierto, temor y miedo.
El siguiente registro traduce, transcribe y ordena cronológicamente los textos que el pescador encontró en ese diario, que fue de nuevo lanzado al fondo de los Lagos Gélidos, para no ver jamás la luz del día:

Diario de la expedición a las tierras del sur

Día 1:

Soy Mer, responsable del grupo, esposo de Lua y padre de Ler.
Me acompañan cinco parejas más, con sus respectivos inmaduros.
Partimos el primer día de la onceava estación, con la bendición del Venerado Cai, Maestro y Guía de nuestro mundo.
Llevamos provisiones y algunos insumos con los cuales montar un campamento de avanzada para futuros grupos de exploración.
Asegurar alimento y agua, son nuestros primeros objetivos.
Accedimos a llevar a nuestros hijos porque los necesitaremos, queremos establecer varios cultivos, entre ellos, de musis y sólo ellos podrán cosecharlos.
Que la Gran Madre Tierra nos cuide y proteja en nuestra aventura.

Día 3:

Sobrevivimos.
Cruzamos el mar.
Las velas y los remos funcionaron en las balsas, logramos superar el avance de la corriente usando el viento del Este y mantuvimos el rumbo hacia las nuevas tierras que aparecieron en nuestro horizonte un par de estaciones atrás.
Hemos desembocado por una ensenada hasta tierra firme; el sitio es diferente, pero a la vez hermoso.
Unas rocas negras en la costa nos recibieron con cierta familiaridad, mas al observarlas con detalle, pudimos ver que eran diferentes a las de nuestro hogar.
Son afiladas, frías y presentan destellos cuando se las gira contra la luz.
La vegetación es asombrosa, lo árboles se levantan del suelo a alturas que nos hacen sentir vértigo y miedo al estar junto a ellos.
Todo es demasiado verde y no distinguimos un follaje medio que nos asegure un suministro de frutas o bayas silvestres.
Es frío, mucho más que nuestra tierra, pero creo que es posible manejarlo.
Levantamos el campamento en la costa que bautizamos como Puerto Provincia, en agradecimiento a lo prometedor de nuestra llegada.

Día 5:

Hemos construido un refugio con la roca de la costa y la madera de una de nuestras valiosas balsas.
La decisión ha sido mía.
La temperatura desciende demasiado por la noche y los jóvenes no hubieran logrado mantener las fuerzas si no hacíamos algo pronto.
Sentimos temor de derribar alguno de los enormes árboles que habitan el bosque, son tan grandes e imponentes que de seguro enfadaremos a la Madre Tierra si lo hacemos.
Por otro lado, hay mucha roca negra y es fácil de manejar y dar forma, con algo de tiempo, podremos construir un refugio más sólido.
Tres de nosotros hemos encontrado indicios de animales pequeños en el bosque, pero nos alejaron unos bramidos desconocidos a lo lejos, en la espesura.
Jamás supe de una bestia que pudiera producir tales sonidos, no lo hemos comentado con las familias ni con el resto de nuestros hermanos.
No estaré tranquilo hasta saber a qué criatura le pertenecen.
Hasta averiguarlo, se montará una guardia por las noches, empezando hoy.

Día 9:

¡Son aterradores!
Los hemos visto en la noche, logramos amedrentarlos con fuego y flechas, pero ya saben que estamos aquí y temo que volverán.
Sus ojos brillan en la oscuridad con un fulgor brillante azulado y no se mueven, se quedan ahí observándote sin moverse, desgarrando las cortezas de los árboles por los que saltan.
Al ir en la mañana a inspeccionar, he encontrado marcas de garras en los árboles y huellas en la tierra.
Son enormes.
Tan grandes que alimentan nuestros peores temores.
Mi única prioridad ahora, es reponer la balsa destruida y salir de aquí.
Debemos hacerlo antes de que el segundo grupo intente venir, aún estamos a tiempo de impedirles dejar nuestro hogar.

Día 12:

Atacaron de día.
Lo hicieron mientras desmontábamos el campamento.
Fueron cuatro bestias y lograron llevarse a dos de nuestros inmaduros.
No sé por qué los escogieron, quizás porque es más fácil que luchar contra un adulto.
Tak y Tem murieron intentando detenerlos.
El resto nos lanzamos al mar usando las balsas, hasta una isla en medio de la bahía.
Hemos estado aquí desde entonces.
El hambre y el frío nos están debilitando y todos están muy asustados como para regresar.
Mi hijo ha presentado fiebres y entre delirios los ha nombrado.
Ha balbuceado: “¡Padre cuidado! ¡Los teross! ¡Los teross!”.
Todo esto me atemoriza demasiado, cuánto quisiera que el anciano y sabio Cai estuviera aquí con nosotros, porque no sé qué hacer para salvarlos.

Día 21:

El segundo grupo llegó justo a tiempo hasta nosotros, rescatándonos de la isla.
Sabiamente, nuestro maestro envió un grupo de cazadores como refuerzo.
Hemos recuperado el campamento y establecimos un perímetro con trampas.
Por las noches encendemos hogueras y eso nos ha mantenido seguros.
Lamentablemente, mi hijo no logró sobrevivir.
Las medicinas calmaron su enfermedad, pero no su miedo.
En su memoria, bautizaré con su nombre los riscos que nos rodean y cuya majestuosidad tanto le fascinó.
Desde hoy, se les nombrará como «La Cordillera de Ler».
La Gran Madre Tierra ha recibido a mi hijo en su manto verde… algún día estaré con él y volveremos a ser felices.

Día 32:

Cada amanecer es un logro.
Los teross son implacables.
Arqueros deben hacer guardia día y noche para evitar que acaben con nosotros.
He querido sugerir que lo mejor será regresar, rendirnos ante esto, pero ya no puedo, mi pérdida y la de los otros debe valer algo, así que nos quedaremos.
La actitud segura de nuestros cazadores, nos ha dado la confianza para no abandonar esfuerzos y conquistar esta tierra.
Rezo por que la Gran Madre Tierra vea nuestra decisión con ojos compasivos.

Día 41:

Hemos mudado el campamento a la isla.
La madera de las balsas y la enorme cantidad de rocas nos han provisto de un sólido y cálido refugio.
Nadie más ha enfermado y con las medicinas traídas, el resto ha recuperado la salud.
Ya no tenemos que preocuparnos por las noches de los ataques ya que las bestias parecen no dominar el agua, pero los cultivos siguen estando a los pies del bosque.
Diario debemos ir hasta ellos, pues hemos agotado las reservas de comida y sacrificado a los animales que habíamos traído pensando en la crianza.
Por ahora, dependemos de los cultivos para mantenernos.

Día 53:

Hemos decidido abandonarlo todo.
Los teross del bosque nos atacaron de nuevo.
Lo hicieron cuando acudimos al puerto donde desembarcamos para procurar algo de cultivo y comida.
De nuevo, se enfocaron en nuestros jóvenes.
Los capturaron en el momento en que recolectaban brotes de musis de los cultivos.
Tres cazadores y dos hermanos murieron.
No hemos tenido oportunidad de rescatar sus cuerpos y darles sepultura.
Me aterra pensar en la selectiva mente de esas bestias, devorando sólo a nuestros inmaduros, no tocando a los que ya vivimos nuestro segundo renacimiento como elfos maduros.
Talaremos los árboles que sean necesarios, repararemos y reforzaremos las balsas restantes y abandonaremos este cruel lugar.

Día 59:

Hoy perdimos más cazadores y las esposas de algunos hermanos han enfermado de fiebres por el miedo, pesar y la angustia.
Ya no citaré nombres, ni cantidades, no quiero leerlos más adelante.
Quiero que cada día pase y se lleve lo sucedido, sea bueno o malo.
Nada ha transcurrido como imaginamos.
La Gran Madre Tierra parece habernos abandonado.
No la culpo, hemos derribado y partido en trozos sus preciados árboles, sólo para golpearnos con la tragedia de que su madera no sirve, es demasiado densa para flotar.
Hay otro tipo de árbol, cuya madera parece adecuada, pero es escaso y crece muy adentro en el bosque.
Ya no sé si seremos los suficientes para lograr regresar a nuestro hogar.

Día 72:

Estoy feliz y aterrado.
Han llegado más hermanos, preocupados por la demora de noticias, armaron un grupo de rescate y se aventuraron a encontrarnos.
Esta vez, nuestro sabio maestro ha enviado guerreros.
Las siempre presentes hogueras los guiaron hasta nuestra isla sólo para escuchar de mis labios, los horrores que hemos vivido acorralados por las bestias negras del bosque que llamamos teross.
Nuestras esperanzas se centran en las habilidades de nuestros guerreros, pues dominan también el arte de trabajar la madera y forjar el metal.
Quizás, logremos mantenernos hasta reforzar las balsas suficientes para montar a cada superviviente y partir de éste terrible lugar.
Espero que eso suceda en los siguientes días.

Día 80:

¡Perdónanos Madre Tierra!
Jamás debimos tocar tus árboles.
Un crujido ensordecedor seguido de un estruendoso temblor de tierra, nos anunció el rompimiento de la Cordillera de Ler ante nuestros propios ojos.
No sé si fue el espíritu de mi hijo llorando porque partía y lo abandonaba o la misma Madre Tierra, enojada por nuestro continuo atrevimiento.
Todo se volvió un caos y corrimos a las balsas, apresurando nuestra partida.
Fue inútil.
Un viento gélido del Este nos golpeó cuando quisimos abandonar la bahía.
Ante nosotros, un río de brutales trozos de hielo apareció cerrando la costa, amenazando con destruir nuestras balsas, impidiéndonos volver a nuestro hogar.
No veo como nuevos grupos puedan acceder hasta donde estamos.
Estamos atrapados en estas tierras de manera permanente.
Que la Gran Madre Tierra nos proteja…

Día 105:
Ya no quiero continuar este registro.
Jamás abandonaremos estas tierras y los que intenten venir por nosotros, encontrarán la muerte en un mar trenzado por bloques de hielo.
No hay forma que nuestras balsas lo superen.
El frío ha tomado la isla, el bosque y los cultivos, forzándonos a ensayar maneras de proteger los perecederos brotes de musis.
No sé que ocurre, pero la tierra no deja de sacudirse ya sea de día o de noche.
Ofendimos a la Madre Tierra al pisar tierras sagradas.
Jamás debimos salir de nuestro mundo, ahora lo sé.

Día 177:

Más han muerto.
Quedamos aún los suficientes para subsistir y defendernos.
Hemos logrado abastecernos de carne gracias a los peces que quedaron atrapados en la laguna de la bahía.
También logramos cazar un par de especímenes del lugar, su carne es muy oscura y sabe a tierra, pero nos ha fortalecido.
Como todos los días, la tierra sigue sacudiéndose, llenándonos de miedo y culpa.
Sabemos que no debemos estar aquí, pero ya no podemos irnos, sólo nos resta sobrevivir.

Día 238:

La temporada de gestación nos ha alcanzado.
Hay varios embarazos.
No he tenido fuerzas para censurarlos e impedirles el celebrar la alegría de la vida que crece dentro de sus vientres.
Así que lo hemos festejado.
Pero no todo ha sido festejo…
Hemos matado al primero de ellos.
Un teross.
Y lo hemos comido.
No sé qué significará esto para nuestro futuro o el de los descendientes que vienen en camino, pero no había alternativa.
Nada se desperdiciará porque tenemos hambre.
Su carne y sangre fluyen ahora por nuestros cuerpos, los elfos descendientes de la Tierra de Den…

Día 405:

El miedo y la falta de guía en mis hermanos han buscado convertirme en el guía y maestro de este nuevo mundo.
Los cercanos nacimientos han vuelto indispensable el contar con un patriarca que se comunique con la Madre Tierra y les asegure que todo irá bien.
Me he negado.
No tengo la sabiduría ni la preparación para aceptarlo.
Pero los jóvenes y las mujeres necesitarán una figura, así que ensayaremos un arreglo.
No he aceptado la responsabilidad completa y he formado una jefatura con cuatro de mis hermanos, juntos regiremos nuestros destinos.

Día …

Ya no sé en que tiempo estamos.
He perdido la cuenta.
Solo sé que estamos en la cuarta estación pues, los bebés nacidos en la primera temporada de gestación en estas nuevas tierras, han visto ya su primer renacimiento como elfos inmaduros.
A pesar de que festejamos los nacimientos, no hemos podido hacerlo ahora para celebrar el continuo avance de la vida.
Uno de ellos no tuvo un renacimiento normal.
Es desconcertante, más allá de lo posible.
Su cabello no es castaño rojizo como el nuestro, es negro y grueso como el de las bestias que nos acechan.
Su piel y ojos no tienen nuestra tonalidad apiñonada, sino que carecen totalmente de color.
Verlo moverse y atraparte con su mirada es fascinante y perturbador, aún no logramos sobreponernos a su presencia.
Mi chispa vital reconoce que nuestra curiosidad se ha visto castigada.
Vivíamos felices en nuestro mundo, ninguna razón debía traernos aquí.
Todo este viaje ha sido un gran error.

Última anotación:

Es claro que profanamos un recinto sagrado de la Madre Tierra y ella nos ha castigado al corromper nuestra estirpe.
Nuestra raza se ha deformado con el nacimiento de un «elfo negro» y nadie sabe lo que pasará cuando crezca.
Los sobrevivientes hemos pactado el silencio, nuestros inmaduros pronto olvidarán cuando venga su segundo renacimiento y a la nueva estirpe no se le contará sobre nuestro origen.
No sufrirán si no saben lo que perdieron.
Este mundo es todo lo que tenemos y haremos lo necesario para seguir viviendo.
Nadie debe saber la historia de nuestra transgresión, ni las razones que nos alejaron de la compasión y la piedad.
No escribiré otra entrada más y lanzaré este diario al hielo, donde espero se pierda junto con las dudas y remordimientos que a diario nos aquejan.
Que la Gran Madre Tierra nos perdone y algún día, le permita a nuestros hijos volver a nuestro hogar, ese hermoso lugar al que pertenecemos y de donde nunca debimos salir…

Mer,
Maestro Guía y Regente Quinto de las tierras del sur.

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